jueves, 9 de septiembre de 2010

el rumor del incendio




















comencemos:

Mudas piedras derrumbadas, ciegas calles sin salida, dónde está la memoria de aquel fragor de banderas, la efervescencia de aquellos entusiasmos callejeros, la electricidad que cada grito de libertad exhalado por millares de gargantas ha hecho correr, como la sangre, a raudales, hacia ninguna parte.

Sueños desvanecidos, memorias vanas, qué queda ahora de aquellos entusiasmos sino la más tibia conmiseración, el arrepentimiento más lúgubre, la más penosa expiación quizás. Un torpe silencio enmudecido que pareciera pretender hacerse perdonar el haber apostado a límite, el haberlo intentado todo. Y la cínica entronización de la indiferencia, de la medianía, de esta feroz nueva barbarie del “nuevo orden”, de la tremenda pobreza que, además, soporta silenciada toda la sublevación que en los corazones salvajes despertara otrora su contemplación.





comencemos otra vez: rebeldía, esa palabra…

*

comencemos de nuevo: ¿alguien dijo “rebeldía”?, ¿es una broma o es el cadáver masivo del siglo veinte tocando otra vez a nuestras puertas, como aquel soldado sin cabeza de ernst töller, en hurra; nosotros ganamos, que vuelve a casa desde las trincheras (sin haber ganado, claro)?

*

recomencemos: ¿alguien puede tomarse en serio una palabra que suena a fracaso, a lo que el fin de la historia bien se encargó de poner en el clóset de los parientes olvidados?, una palabra que, en fin, no es más que la edípica reacción de cada generación contra sus predecesores.





Y ahora, esa tenue pátina equilibrada que borra todo horizonte de riesgo, que liquida toda tentación transformadora en nombre de una razonabilidad mermada, como si la oferta de lo que hay, del mundo escindido, colmara toda expectativa legítima, como si de pronto lo ilegítimo fuera reclamar algo más, un más allá, un final -y, en él, un comienzo.

pero vayamos al grano, rebeldía es el nombre que la agrupación teatral lagartijas tiradas al sol le ha dado a un conjunto de acciones artísticas que incluye: un blog con su investigación acerca de los movimientos armados de la segunda mitad del siglo veinte (el rumor del oleaje); un libro a varias voces acerca de esa misma voz: rebeldía , “un mapa de esperanza” (el rumor del momento); y un documental escénico que se lleva a cabo en el foro sor juana Inés de la cruz de la unam (el rumor del incendio), producida por esta universidad. nos ocuparemos de esta última.

lo primero por destacar es que un acontecimiento escénico de este tipo cumpla temporada en los teatros de la unam; una obra centrada en las rebeliones armadas en el méxico moderno tiene toda la pertenencia y restituye un poco la insolencia de aquel otelo de alfombra roja que inauguró esta administración.

lo segundo tiene que ver con la pertinencia en forma y fondo de la inquietud de los artistas. en fondo en tanto rescatan (¿y actualizan?) un momento del acontecer del país y del mundo que por su misma obviedad parecía condenado al olvido: el “despertar de la conciencia” de la juventud y la propia juventud como instrumento de la “toma de conciencia” de la sociedad entera. así quisiera acercarme a esta obra: más que un relato fragmentado sobre la guerrilla, a mí me parece una genealogía de un síntoma social. el auge y caída en desgracia de la rebelión juvenil hecha cuerpo.

no hay que olvidar que lo que llamamos movimiento del sesentaiocho, está ligado a un momento más largo en antecedentes y consecuentes, en el que las figuras patriarcales tuvieron su gran sismo gracias a los espacios que la juventud fue tomando para sí y de esta manera contagió a la sociedad entera. (héctor bourges tiene razón al afirmar que destacar la parte sangrienta de ese año se ha convertido en botín político que oculta esa irrupción de creatividad que tanto conmovió, por ejemplo a gilles deleuze). un momento que sería luego normalizado y envuelto en ese celofán de prozac en que devino la juventud con la generación x y la sentencia tatcheriana de “no hay alternativa al capitalismo”.

así, el rumor del incendio tiene la virtud de no ocultar la parte lúdica del momento, si bien el enfoque de su tema es, por necesidad, trágico. y aquí viene la forma. en la escena que luisa pardo, gabino rodríguez y francisco barreiro nos preparan, no hay tragedia; lo suyo no es esa dramaturgia que en nombre de la historia siempre llega tarde al acontecimiento: van hilando información documental de grandes cortes con pedazos, también documentales, de una vida singular que, además es bastante cercana a los artistas.

de manera que en la exposición del asunto los performers dotan a la actuación de la ligereza que el español le ha quitado al traicionar la vocación del to play y el jouer. los performers juegan. sin entregarse a la banalidad estúpida que complace al espectador, los artistas generan un dispositivo en el que juegan al documental, con muñecos, con cámaras, con sus propios cuerpos. testimonian en primera, segunda y tercera persona sin perderse ni confundirse con los personajes que se ponen, de manera que, como señala edwin culp, lo fascinante es esa entrezona que dejan abierta entre ellos, los personajes y la narración; juego y recurso que la compañía cada vez afina más.

*

praga. las chicas no entienden: para ellas la plaza wenceslao es más fascinante por sus tiendas de ropa (incluso el museo del comunismo está arriba del macdonald´s), que por ser ese foco de resistencia donde jan palaç se incendió como única respuesta a los tanques soviéticos. petra y yo que nacimos en la primavera del 68, tratamos de explicarles que hubo un tiempo en el que mucha gente imaginó que el mundo todo era transformable y que con esta idea se generaron muchas estupideces, pero que también muchas existencias se llenaron de vida, muchas injusticias tomaron una voz secuestrada y nuevas formas de vida salieron a la luz. nada. lo que decimos no les hace cuerpo. y se entiende.



Alineación a la izquierda Alineación al centro Alineación a la derecha Justificar a ambos lados*

de manera que, hablando de depuración, pasamos al punto flaco del trabajo de la compañía. líbrenme los dioses de querer rescatar para el director de escena espacios ya caducos, pero ya que los tres performers están involucrados en todo el quehacer, la mirada que tendría que sustituir en la creación al espectador se echa de menos. primero en cuanto a dramaturgia: hay muchos cabos sueltos, a veces ya no se sabe de dónde viene la siguiente narración ni hacia dónde desemboca, y se nota que no se persigue una sensación de acumulación, es sólo falta de pericia narrativa pues nadie tiene el espacio de atender este punto.

y segundo, en creación de tiempos escénicos: no habiendo quien orqueste de principio a fin el encabalgamiento entre escenas (e incluso entre las acciones de una misma escena), muchos enlaces son demasiado burdos y ocupan la percepción del espectador en tratar de volver del despiste de tonos entre escena y escena; tiempo que el espectador podría ocupar en sumergirse mejor en el acontecimiento. y la parte que más lo resiente es ese segundo cuarto de la obra que tiene que ver con las acciones de echeverría en el poder.

de manera que las lagartijas acumulan un par de riesgos delicados: hacia afuera, sobrevivir a la buena acogida de un medio infiel. y hacia adentro evitar autoxigenarse y no olvidar que el espectador recibe una elaboración de la que alguien tiene que hacerse cargo. elaboración y elaboración hasta en la no elaboración, repetía el buen margules.





Y es entonces entre terrores entre lo que tenemos que elegir: el de soñar contra el de aceptar la villanía de lo real en su insuficiencia, el de experimentar en los límites contra el que nos produce el recuerdo terrible de las formas totalitarias de consolidación edificante en que la puesta en escena de tal soñar, tantas veces, ha desembocado.

abren así estas lagartijas, un espacio serio de resistencia a las flatulencias bicentenarias que, por supuesto, no imaginarían nunca que los muchachos que dieron su juventud, su vida, su atrevimiento, su rebeldía y sus errores por un país mejor, formaran parte de la conformación cabal de este país que tantos dolores de cabeza nos proporciona. es éste, pues, un espacio que redignifica en lo posible la imagen de un país al extraer un pedazo de vida tan paradójico y, por tanto, tan verdadero.

rebeldía entonces. en estos mediocres tiempos. en este mediocre teatro. en esta mediocre sociedad. con toda la responsabilidad del caso. con todos los fracasos en la espalda. juventud aún en el invierno de nuestra desventura. admirables lagartijas.

todas las citas en cursivas son del crítico de arte josé luis brea. in memoriam.

todas las imágenes -execepto la de checoslovaquia- provienen de: el rumor del oleaje.wordpress.com


rubén





martes, 31 de agosto de 2010

de plumajes y pantanos













(traslado de los restos de los héroes nacionales)


hay aves que cr
uzan el pantano y no se manchan.
mi pantano es de esos


qué difícil es reponerse de la perplejidad que sigue a la lectura de los comentarios de algunos artistas escénicos involucrados en el desfile del Bicentenario (y aquí). ante todo, es estremecedora su ingenuidad política.

bajo el argumento de “nadie me dictó lo que debía de hacer”, se parapeta una muy poco feliz complacencia en la que la libertad de los artistas planea sin ensuciar su plumaje en las espesas aguas de la contingencia nacional. según se entiende, sus “conceptos” están, por ser artísticos, alejados de los intereses de quienes les otorgan los recursos y del marco general en el que se actulizan. en su imaginación, lo que realizan se debe mirar como un servicio al pueblo y no al gobierno, de manera que tratándose del beneficio de la patria el fin siempre justificará los medios.

y es fácil para ellos pasar por alto que, en términos de formato, su modelo de "servicio" no está en, digamos, brecht, wilson, o cualquier artista, sino en la espectacularidad de los juegos olímpicos. ¡claro, porque nunca se ha escrito nada al respecto de la vocación propagandista de las gigantes ceremonias populistas, y aún más las olímpicas! para nuestros creadores, susan sontag, por ejemplo, jamás escribió sobre leni reinfensthal y los mega-eventos que puso en cámara; y ningún artículo ha sido escrito sobre la espectacularidad como estrategia colaboracionista con las dinámicas dominantes de poder. es más: ¡guy debord es la trade mark de una alucinación de los catastrofistas!

se entiende. la mejor postura es la de la amnesia; la de la ignorancia; la de la unión de todos los pueblos bajo la ideología disneylandia. y claro, en esta ignorancia es fácil también confundir mega-espectáculo con carnaval: vengan los grandes animales, las serpientes voladoras, los enormes carromatos (y uno piensa en césar entrando en roma). pero no, por más que se le busque, el desfile del Bicentenario no es el carnaval; es un acto oficial -no es popular- y no contiene una liberación de los códigos del poder en los que el bufón se pueda volver rey: el presidente estará en el balcón y la policía en las calles.

pero todas estas son conjeturas catastrofistas mías, ya lo sabemos; quien ahora dicta las pautas culturales es en realidad la buena vibra de la Programación Neurolingüística: si pensamos en cosas feas nos pasan cosas feas, mejor empecemos a pensar en cosas bonitas, positivas, agradables; que el pueblo se empape de optimismo y que programe sus pensamientos en desaparecer la miseria, la violencia y la corrupción.

*

es cierto, nos guste o no, las efemérides son significativas para mucha gente, y tal vez quienes repetimos que no hay nada qué celebrar seamos los mismos aguafiestas de siempre. pero, una conmemoración -algo distinto a una celebración- tal vez tuviera que desatar preguntas antes que desfiles: ¿qué es una nación?, ¿por qué este país tuvo durante el siglo xix monarquías, imperios, repúblicas federales y centralistas; golpes de estado y dictaduras?, ¿qué ha hecho este país con sus diferencias?, ¿por qué seguimos siendo mexicanos sólo “al grito de guerra”?, ¿los mexicas, de cuyo lenguaje proviene nuestro nombre no eran ya invasores?, ¿por qué los mexicanos dicen en español y en melodramático pretérito “cuando nos invadieron los españoles?...

pero lo más triste es que en las declaraciones de los artistas escénicos estamos ante los testimonios de gente talentosa e inteligente -muchos de ellos que estimo y admiro- pero que no ha pensado en otra cosa que su propio beneficio artístico: niegan alguna censura creativa, pero ningún reparo tuvieron en firmar un convenio de silencio antes de cobrar su cheque. imaginan, sin algún asomo de curiosidad por la teorías del arte del último siglo, que la obra de arte es inmaterial, y que no está inscrita en juegos políticos de mecenarismos o consagraciones: la paradoja del teatro ,que menciona alain badiou, entre financiamiento público -a través de un gobierno específico- y realización libre, no existe para ellos. la buena intención artística absorbe cualquier red de poderes.

así pues, el argumento de estos artistas es, a primera vista, irrefultable: nos paga el pueblo no el gobierno, de donde se deduce de que no entenderlo así, cualquiera que recibe dinero público es tan colaboracionista como ellos. pero entiendo que no fueron ellos los que hicieron la petición a través de los cauces institucionales para realizar este evento: fueron contratados, reclutados, pues, por un gobierno en específico. no puede uno cerrar los ojos tan fácilmente a las condiciones materiales, so pena de ingenuidad o cinismo.

y no habría ningún problema si lo admitieran: simplemente quieren experimentar grandes formatos, cobrar por ello y sumar el mega-evento a su currículum; o simplemente apoyan las acciones de este gobierno. está bien, son ciudadanos libres. pero el discurso eufemístico de su puritanismo romántico es de gran pobreza intelectual.

*


(traslado de los restos de un joven muerto en ciudad juárez)


pocos años antes de morir, heiner müller escribió el siguiente poema:

Jabón en Bayreuth
para Daniel Barenboim

De niño escuché a los mayores decir:
En los campos de concentración se hace de los judíos
Jabón. Desde entonces no he podido
reconciliarme con el jabón y detesto el olor a jabón
Ahora vivo, ya que TRISTAN he de escenificar
En un piso nuevo en la ciudad de Bayreuth.
El piso está más limpio que ningún otro que haya visto
Todo está en su lugar: El cuchillo La cuchara El tenedor
Las cacerolas Las sartenes Los platos Las tazas La cama de matrimonio
La ducha, MADE IN GERMANY, devolvería la vida a un muerto,
En las paredes flores y kitsch alpino
Aquí hay orden, también el parque tras la casa
En orden, la calle en silencio, en la otra acera HYPOBANK.
Cuando abro la ventana por vez primera: olor a jabón.
La casa el parque la ciudad de Bayreuth huelen a jabón.
Ahora sé, digo al silencio
Cómo es vivir en el infierno y
No ser asesinado o asesino. Aquí
Nació AUSCHWITZ con olor a jabón.
15.8.1992, el día en que fue prohibida en Bayreuth una manifestación en memoria de Rudolph Hess.

y, en 1939, se encontró entre los documentos que walter benjamin llevaba en su huida de los nazis, las famosas tesis sobre la historia, de donde sale este fragmento:

No hay documento de cultura que no sea a la vez un documento de barbarie.

en ambos casos, la misma certeza: caminamos sobre las cenizas de los muertos. las grandes culturas se alimentan o se lavan con el calcio de los otros; y sobre esas tumbas se graba la historia en la que hacemos arte y cultura.

nuestros artistas escénicos se engañan en formato (lo que van a hacer no es arte, es propaganda) y se engañan en estrategia (lo que van a hacer no es arte, es colaboración política); pero sobre todo -y aquí radica el síntoma de el triste nivel de nuestra cultura política-, lo que están haciendo es sumar un documento más a la cultura, gracias al olvido de las barbaries.


rubén

jueves, 29 de julio de 2010

abecedario de guerra/d






dinero







¿cómo fue creciendo la cuenta? en febrero de 2008 se sumaron unos 541 millones de pesos; al siguiente año, en febrero de 2009, le depositaron mil millones de pesos (¡!); y para diciembre de ese año, otros 480 millones. por si hiciera falta un poquito más de dinero, en 2010 se le abonaron otro 900 millones de pesos más. y bien, ¿cuánto se ha gastado? hasta el día de hoy, el Bicentenario ha ejercido poco menos del 50% de su presupuesto, con mil 89 millones 786 mil 654 pesos.

(datos tomados de vivirmexico.com)


lunes, 26 de julio de 2010

Rimini Protokoll en México




Indiscutiblemente, Transversales, el encuentro convocado anualmente por Alicia Laguna y Jorge Vargas, se ha convertido en la corriente más fresca para la ventilación de nuestra vida escénica. La lista de creadores y grupos que han pasado por el antaño Encuentro Internacional de Teatro del Cuerpo es ya muy generosa y, a últimas fechas, incluye la presencia en México de figuras fundamentales de la escena mundial que los festivales oficiales (Cervantino y como se llame este año el del Centro Histórico) dejan de lado a pesar de sus amplios presupuestos (a este respecto, puede leerse la entrevista que hace Antonio Castro a Alicia en Letras Libres).

Una de estas figuras fundamentales es sin duda el colectivo Rimini Protokoll, una asociación cuyos orígenes están en un programa universitario alemán de principios de los años ochenta que giraba en torno a la pregunta sobre el lugar del teatro en el mundo actual, en la so calledSociedad del espectáculo. Se trata de una de los más radicales y brillantes ejemplos de un teatro que –como lo explica Hans-Thies Lehman- renuncia a la condición intraescénica (la representación de obras dramáticas) para acentuar la comunicación del eje escena-espectador, el auténtico significado del teatron.



Y no sólo eso, sino que con admirable frecuencia, sus proyectos implican desplazamientos que otorgan a algunos invitados (los especialistas) o definitivamente al espectador la posibilidad de articular sus propios discursos, o resultan un juego invertido entre los polos mundo y teatro que termina por iluminar a ambos.

En este sentido, los integrantes de Rimini Protokoll asumen al teatro como un lugar social por excelencia y a sus espectadores como un azaroso y legítimo microcosmos. Proceso semejante a la representación porcentual de la demografía de una ciudad que emprenden en su proyecto100 por ciento Berlín; es decir, una reducción que intensifica la percepción de los fenómenos sociales justo a contracorriente de la disolución resultante de los excesos informativos de los medios. Y lo que es más interesante, ¡con frecuencia utilizando sus propios métodos y técnicas!



Tal es el caso del trabajo presentado en México, Best Before (¡un videogame!) y de una creación que en lo personal –y a pesar de no haber participado en ella- me parece extraordinaria: Call Cutta in a Box. Como el lector puede verlo en la página del colectivo, o en varias reseñas que circulan en la red, la experiencia implica el uso de medios propios de la tan temida globalización (una llamada desde un call center en India) para provocar en el solitario participante los efectos que produjo el auténtico teatro en todos los tiempos.

La relación de intimidad que se establece con un interlocutor a veinte mil kilómetros de distancia contrasta con la ignorancia o indiferencia que el “espectador” puede tener con respecto a alguien sentado a su lado.

Esta percepción distinta de sí mismo y de su entorno se logra –a decir de quienes han participado de esta experiencia, en todo el sentido del término- a pesar de la presencia mediada del operador del call center y en absoluta soledad; es decir, que dos de los elementos esenciales en la definición básica del teatro quedarían hechos pedazos. Pero como ya sugería Brecht, “si alguien no quiere llamar a esto teatro, que lo llamen taetro o como les de la gana”.



Me temo, sin embargo, que el proyecto elegido para su presentación en México no haya sido tan buena elección. El dispositivo escénico de Best Before no deja de ser atractivo y la idea de conformar una sociedad por medio de nuestras perpetuas tomas de decisión, no deja de ser admirable. Como resulta sumamente divertido –y aleccionador- observar el comportamiento de ese microcosmos mexicano en la conformación de una sociedad ideal. Pero el juego, tanto como los “especialistas” que lo conducen y complementan –incluido un mexicano cuya prolongada estancia en Vancouver no le permitía ya entender las contradicciones de los electores locales-, corresponden a una sociedad muy diferente a la nuestra, a condiciones de vida diametralmente opuestas.

Nuevamente es Lehman quien señala el desplazamiento en el teatro (postdramático, insiste él en llamarlo) de los grandes conflictos políticos y la provocación como intento de cambiar el mundo, hacia la experimentación intensificada de esos pequeños momentos que transcurren desapercibidos en una vida anestesiada por las comodidades y experimentada como simple rutina. Pero esto sucede en sociedades, como la alemana o la canadiense de donde deriva el proyecto, que parecen haber resuelto los conflictos básicos de convivencia. Así, la decisión de legalizar la cocaína, a la que se enfrenta el público, tiene connotaciones radicalmente opuestas en un contexto de potenciales consumidores que en uno desgarrado por la violencia que desata su prohibición. Como el testimonio de una especialista que ha decidido por vocación ser asistente de tráfico (banderera) resulta casi ridículo en el contexto donde una construcción que invade la vía pública implica una oportunidad más de estar “a las vivas” (el opuesto de la rutina) si no se quiere morir atropellado. Ni hablar del porcentaje de personas que en México pueden pensar en vivir dignamente de una pensión para el retiro.

Muchas más probabilidades de no sólo divertir sino estremecer al espectador mexicano pudo tener un proyecto (imposible ya hablar de obras) como Soko Sao Paolo, realizado por Stephan Kaegi y Lola Arias en Brasil, en torno a la presencia, las prácticas y las mentalidades policíacas. Aunque lo ideal, desde luego, sería la realización de un proyecto específico para nuestro país. Elevemos al Goethe Institute nuestras plegarias.


Gran falta nos harían algunos ejemplos de cómo romper las desgastadas dinámicas de nuestra escena, de cómo establecer con los probables interlocutores unas relaciones -como en el caso de Rimini- que conduzcan a compartir una experiencia en lugar de escuchar domesticados desde la expectante butaca los magníficos discursos del director de escena o –en nuestro caso- deleitar la vista con las magníficas imágenes propuestas por el escenógrafo.

Ejemplos de un teatro entendido como un dispositivo para que el interlocutor realice un ejercicio de autointerrogación e, idealmente, de conciencia frente a los asuntos públicos, dispositivos que no eluden sino incentivan sus impredecibles aportaciones y propician auténticos acontecimientos que refuerzan la vida emocional de sus participantes.

Rodolfo Obregón

Fotografías de Luz Adriana Obregón: Un teatron actual en Chelsea, NY.

viernes, 23 de julio de 2010

abecedario de guerra/c






c
oche









explosivo crecimiento de la producción automotriz en méxico.
la razón de esto es porque las exportaciones, principalmente a eu, han crecido de forma importante


miércoles, 14 de julio de 2010

abecedario de guerra/b





bueno








“yo para qué quiero las disculpas, las disculpas no me van a regresar a mis hijos vivos”, les contestó cinthia salazar.