viernes, 18 de mayo de 2012

El FONCA y el estímulo a la creación teatral/Tomás Ejea Mendoza



(nota inicial: los cuadros a los que hace referencia el autor se han desorganizado en el traslado al blog, pero pueden consultarse en la copia reproducida en la revista)




I
La constitución del FONCA en marzo de 1989 y del CONACULTA tres meses antes, apenas iniciado el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, se inscribe en una misma medida de gobierno: una decisión política para recuperar la legitimidad perdida en la elección presidencial de 1988, calificada por muchos como fraudulenta. Su creación no atiende a una verdadera intensión de reforma y modernización administrativa de la política cultural si no a que se requería de una nueva relación con los principales actores sociales de la cultura, especialmente con el grupo de la Revista Vuelta encabezado por Octavio Paz[2].
Así pues, a pesar de logros parciales, prevalecen todavía hoy en día los principales problemas que había en el sector cultural antes de su fundación: falta de autonomía en el ejercicio de sus recursos, pues su presupuesto es definido y administrado por la Secretaría de Hacienda y por la de Educación Pública; falta de corresponsabilidad en las principales toma de decisiones, “el CONACULTA es un Consejo sin consejeros”[3]; los funcionarios son designados de manera vertical; carece de un estatuto jurídico que le dé legitimidad; sus diferentes instancias de acción, sobre todo el INAH y el INBA, se siguen desempeñando de manera aislada; hay una falta de transparencia en el ejercicio de sus recursos; y el problema nodal del sector cultural, ha sido y sigue siendo, la insuficiencia de fondos, pues los que se le asignan son muy inferiores a lo que recomienda la UNESCO para poder llegar a la meta de invertir 1% del PIB en el sector.
Efectivamente, más que generar una instancia administrativa que fuera capaz de enfrentar y solucionar los problemas de la política cultura, lo que en realidad se buscaba era darle una apariencia de democratización, tal como lo dice el presidente fundador del CONACULTA, Víctor Flores Olea: “Carlos Salinas de Gortari le quería dar a la cultura una cara de izquierda, para equilibrar todo lo que en el plano económico iba a hacer por la derecha”.[4]

II
El FONCA, constituido como el eje de la política gubernamental federal hacia la promoción, fomento y estímulo a la creación artística[5], fue estructurado institucionalmente para lograr dos objetivos: por un lado, que pudiera generar un estímulo a la creación artística, pero por el otro, que mantuviera a los principales intelectuales y artistas lideres en su campo, conformes con el sistema de becas y prebendas de que dispone[6]. En este sentido ha resultado útil y funcional para el gobierno federal. Es por ello que en el sector cultural se registra una continuidad institucional desde 1988 hasta nuestros días. A pesar de la alternancia en el poder, los gobiernos priistas y panistas han tenido básicamente la misma política cultural en lo referente a las instituciones, a sus objetivos, e incluso en lo que respecta a los funcionarios que las dirigen.
Para lograr conservar una pasividad poco crítica de los artistas líderes hacia el gobierno, el FONCA fue diseñando teniendo dos mecanismos de toma de decisiones de naturaleza distinta, pero que coexisten de manera integral. Por una parte un primer mecanismo, que se aboca a la selección de los beneficiarios de los programas, que se realiza de manera horizontal, colegiada y participativa, puesto que en su mayoría son elegidos por comisiones conformadas por pares, en este sentido, se puede afirmar que el proceso de selección de los beneficiarios posee rasgos democráticos.
Sin embargo, el segundo mecanismo, que atañe a la forma en que los seleccionadores de esos beneficiarios son a su vez seleccionados, se realiza de una manera vertical, unipersonal y en gran medida discrecional. Esto es así, ya que las múltiples comisiones de selección de beneficiarios son elegidas fundamentalmente por un solo funcionario: el Secretario Ejecutivo del FONCA, que, valga decir, es elegido de manera vertical y directa por el Presidente del CONACULTA.
Así, el Secretario Ejecutivo emerge como el depositario directo para cumplir con el rol de ser el fiel de la balanza en el ámbito artístico, en una lógica de decisiones verticales que tiene como eslabones anteriores al presidente del CONACULTA y al Presidente del país. En este sentido, la modalidad del ejercicio del poder en este segundo mecanismo se da como un «poder en privado» y se encuentra muy lejos de poder ser considerado como democrático.
En el discurso gubernamental acerca del FONCA se plantea que los creadores beneficiados son escogidos por otros creadores. Sin embargo, el espíritu democratizante tiene límites muy claro, pues son los grandes funcionarios, Secretario Ejecutivo del FONCA y Presidente del CONACULTA, quienes escogen a los seleccionadores de los beneficiados, lo cual les permite, intervenir también de manera indirecta en todos los procesos de selección.
Este doble mecanismo[7] en la toma de decisiones tiene consecuencias importantes en la distribución de los recursos económicos. Pasemos a analizar brevemente las características de la población que ha recibido apoyos del FONCA con lo cual se pueden localizar algunos grupos donde su concentración es significativa[8].
1. Distribución regional. El mayor número de solicitudes[9], 28,691, procede de las entidades federativas, mientras que las del DF suman 26,467. Sin embargo, el número de estímulos otorgados a proyectos provenientes de aquéllas resulta mucho menor, 3,709, en comparación con los del DF, 6,335. Esto es, mientras las solicitudes del DF representan 47% del total y las de las entidades federativas 53%, los estímulos otorgados al primero crecen hasta 64% en tanto que a las segundas descienden a 36%.
Es decir, mientras los creadores de los estados del país participan con objeto de acceder a los canales de desarrollo, tal como lo reflejan las 28,961 solicitudes aplicadas al FONCA, éste, empeñado en centralizar, los rechaza a través de sus mecanismos de selección en beneficio de las solicitudes provenientes de la capital.
2.  Distribución por edad. A partir de la información disponible, resulta que el FONCA ha otorgado mayor número de estímulos a jóvenes creadores de entre 26 y 35 años (54% de los estímulos) mientras, por el contrario, a quienes menos estímulos ha otorgado es a aquellos mayores de 60 (4% de los estímulos)[10].
Sin embargo, esta tendencia cambia drásticamente al comparar el monto de los recursos económicos otorgados. Los 230 beneficiarios del grupo de edad mayor a 61 años reciben más recursos económicos (199 millones de pesos) que el total de los 2,858 de los grupos entre 26 y 35 años (194 millones de pesos)[11].
Lo anterior significa que al respecto, el FONCA ha promovido una doble directriz en la distribución de sus recursos: por un lado, un gran grupo de población joven recibe un monto relativamente pequeño de beneficios y, por el otro, un pequeño grupo de población de mayor edad concentra buena parte de los mismos.
3. Distribución individual o colectiva. Los programas del FONCA de convocatoria abierta son de tres tipos: los destinados en exclusiva a individuos, los que benefician en particular a colectivos y aquellos dirigidos tanto a unos como a otros[12]. De manera significativa se destinan más recursos a los individuos (63%) que al resto (37%). Con esto se contradice claramente la idea de promover el trabajo grupal que ha pregonado el discurso gubernamental.
En resumen, se puede sostener que el FONCA, lleva a cabo una política de concentración de recursos en tres rubros: uno, centraliza en el DF; dos, el monto económico beneficia mucho más a los creadores de mayor edad, y; tres, concentra los recursos financieros en proyectos individuales.
Estos tres tipos de concentración revelan que el FONCA promueve que los actores sociales determinantes en el campo de la creación artística sean individuos, del Distrito Federal y de mayor edad, lo cual corresponde a la figura del líder consolidado y con fuerte ascendencia en su disciplina. Con esto se puede ver que la figura del «maestro» respetado y poderoso en el campo artístico existe no sólo por la lógica que le imprime el propio campo artístico y la sociedad en su conjunto, sino que se ve apuntalada también, como aquí se muestra, por la manera en que opera la institucionalidad cultural, especialmente en la forma en que se dirigen los recursos económicos de las instancias gubernamentales, en este caso, el FONCA.
Esta tendencia se vuelve de relevancia especial, pues este grupo de creadores, además de concentrar los beneficios económicos, tienen un rol central en la selección del resto de los beneficiarios de todos los programas del FONCA. Con ello puede decirse que se produce y reproduce un grupo de «notables» que, al tiempo que obtienen parte sustancial de los patrocinios, también se ocupa de gran parte de las decisiones sobre el resto de los seleccionados.  Veamos como afecta esto en el ámbito del teatro.

III
El campo del teatro ha jugado un papel muy importante en los programas del FONCA. De los diez programas del FONCA que tenían los mayores recursos económicos en 2008, el teatro estaba presente en nueve de ellos[13]. Además su tasa de aceptación que es del 20%, una de cada cinco solicitudes aprobada, se asemeja mucho a la del total de los programas de convocatoria abierta del FONCA, situada en 18 por ciento[14]. A partir de ello se puede inferir que las tendencias que aparecen en el campo del teatro son también propias del conjunto de las todas las disciplinas apoyadas por el FONCA.
El número total de estímulos otorgados al teatro desde 1989, año de su fundación hasta diciembre de 2008 es de 1,067[15]. Los programas con mayor número de favorecidos son el de Fomento a Proyectos y Coinversiones (465) y el de Jóvenes Creadores (142). En contraste, el más pequeño es el de los Creadores Eméritos, con 10 beneficiarios.
Aquí se produce una doble tendencia: por un lado, programas con gran número de beneficiarios (607) con un apoyo menor y, por el otro, un programa con un pequeño número de beneficiarios (10) que recibe montos altos. Analicemos esto desde dos puntos de vista: la distribución del número de estímulos por participante y la distribución de los montos económicos que implican esos estímulos.
  1. Distribución de estímulos por participante
Del total de 1,067 estímulos otorgados para el campo teatral, 1,024 corresponden formalmente a individuos[16].
El número de personas beneficiadas con los 1,024 estímulos otorgados es solamente de 648. Esto se debe a que algunas de ellas han tenido dos estímulos o más. Las que han tenido un estímulo son 459 (71%) del total, dos o tres estímulos son 139 (21%) y 4 estímulos o más son 50 (8%)[17], tal como se ve en el siguiente cuadro:

 Fonca: Estímulos por beneficiario en el ámbito teatral
(Datos agrupados)

Total de beneficiarios
Porcentaje de beneficiarios
Porcentaje de estímulos
Personas con 1 estímulo
459
71%
45%
Personas con 2 y 3 estímulos
139
21%
31%
Personas con 4 estímulos o más
50
8%
24%
Total
648
  100%
100%

Como puede verse, las personas con un estímulo representan 71% y acumulan 45% de los mismos; el segundo grupo, integrado por quienes suman dos o tres, abarca 21% con 31% de los estímulos; finalmente el grupo que ha obtenido cuatro o más representa 8% y suma 24% de los estímulos.
Se observa nuevamente la doble tendencia mencionada anteriormente: por un lado, un grupo reducido (8%) se ve fuertemente apoyado (24% de los estímulos) y, por el otro, un grupo bastante amplio (71%) ha sido beneficiado una vez en su carrera. Este doble mecanismo manifiesta una lógica mediante la cual se privilegia a un círculo selecto, pero, sin descuidar al grupo mayoritario.
  1. Distribución de recursos económicos por participante
Esta distribución se vuelve fuertemente desigual si se utiliza el mismo cálculo utilizando no el número de estímulos otorgados a cada individuo, sino el monto de los recursos económicos que representan esos estímulos para cada persona[18]. Los datos indican que 372 personas han recibido entre mil y cien mil pesos; 131 de ciento un mil a quinientos mil; 73 de quinientos un mil a un millón; 57 de uno a tres millones. Por último, sólo 13 personas han obtenido más de 3 millones. Si se analizan los datos agregados se obtiene la siguiente información:
Total de beneficiarios
Porcentaje de beneficiarios
Porcentaje de estímulos
64
10%
54%
132
20%
27%
452
70%
19%
Total  648
  100%
100%

Se pueden establecer tres grupos de beneficiarios: En primer lugar, un pequeño grupo de 64 beneficiarios que representan el 10% del total y que han recibido una fuerte cantidad de dinero, la cual asciende en conjunto a un monto del 54% de todos los recursos erogados por el FONCA en el campo del teatro. En segundo lugar, un grupo mayor que el anterior, de 132 personas, 20% del total, que han recibido cantidades no tan altas y que en conjunto representan el 27% de los recursos erogados. En tercer lugar, un grupo muy amplio de 452 personas, 70% del total, que en su conjunto han recibido únicamente 19% del total de los recursos económicos otorgados.
¿Cómo se conforma este 10% de 64 superbeneficiados que acumulan más de la mitad de los beneficios, 54%? Utilizando una expresión teatral, se puede decir que la situación se torna más dramática si se analiza la estratificación interna de este 10 por ciento.
Total de beneficiarios
Porcentaje de beneficiarios
Porcentaje de estímulos
13
2%
20%
19
3%
16%
32
5%
18%
Total  64
  10%
54%

El 2%, 13 personas, obtuvieron 20% de los recursos totales del FONCA en convocatoria abierta para teatro. Es decir, 20 de cada 100 pesos, la quinta parte, van a una de 13 personas (2%) del total de 648 beneficiados. Y puesto que el siguiente 3% recibió 16% de los fondos, tenemos una élite de 5%, 32 personas, que concentró 36% de los recursos, más de una tercera parte.
En resumen podemos decir que 10% de personas ha absorbido más de la mitad de los beneficios económicos (54%) y, en contraste, el restante 90% menos de la mitad (46%). Además, entre ese 10% existe un 2% del total, 13 personas superbeneficiarias, que han captado 20% del dinero.

IV
Se puede decir que en la actividad teatral el FONCA canaliza los recursos en dos grandes direcciones. En primer lugar, al pequeño grupo de notables, 10%, se les asigna más de la mitad de los recursos, 54%. En segundo lugar, a un gran número de creadores, 90%, se le asigna poco menos que la otra mitad, 46% del total.
Estos elementos permiten afirmar que, más allá del objetivo explícito de la promoción y fomento de la actividad artística, el FONCA tiene también como objetivo informal el de lograr entre los creadores y artistas un quantum de legitimidad de la política cultural y, por extensión, legitimidad del gobierno en turno. Los primeros, los “notables”, al ser los grandes beneficiarios, se encuentran satisfechos con el mecanismo del FONCA y sus críticas al gobierno se minimizan. Por otra parte, los otros, la gran mayoría, generalmente con mucha paciencia, esperan a que se les otorgue algunos de los estímulos que constantemente solicitan. La expectativa de obtener nuevamente, o en su caso, por primera vez, la “beca” anhelada, es también un elemento que permite mantener, al menos por el consentimiento tácito brindado, los mecanismos de decisión y como dice Bourdieu “el estado de las cosas”.
En este sentido, el sistema de prebendas y beneficios sigue funcionando. En 2008 se creó un nuevo programa para la rama teatral administrado por el FONCA: la Compañía Nacional de Teatro (CNT). La actual secretaria ejecutiva del FONCA, Martha Cantú, nombró de manera directa y sin consulta formal a la comunidad teatral a Luis de Tavira como director artístico y principal responsable de la compañía. La primera puesta en escena fue la obra Pascua de August Strinberg, y la dirigió Héctor Mendoza. Así mismo, se nombró primer director residente a su hijo, Rodrigo Mendoza.
Con esto se observa que los nombres de los grandes beneficiarios se repiten constantemente[19], cuestión que no se debe al clientelismo o amiguismo que impera entre  los creadores involucrados, sino -yendo más a fondo tal como en este texto se ha sostenido- a que la estructura orgánica de toma de decisiones de estas instituciones lo permite y, aún más, en muchos casos lo fomenta.
A partir de ello se puede establecer una conclusión general, que viene al caso por ser éste un año electoral. Cualquiera que sea el partido en el poder, PRI, PAN o eventualmente el PRD, mientras no se reestructure a fondo el sentido vertical y discrecional de la toma de decisiones que se generó en los gobiernos priistas, una política cultural dirigida al fomento de la creación artística verdaderamente productiva y participativa, seguirá siendo el gran actor ausente de esta tragicomedia nacional.


[1] Profesor-Investigador del Departamento de Sociología de la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Azcapotzalco.
[2] El mismo Octavio Paz, en la ceremonia de instalación del Conaculta, donde fue el orador principal, declaró a la prensa: “En gran parte lo aquí planteado (la creación del Conaculta) sí responde a mis expectativas” La Jornada, 8 de diciembre de 1988.
[3] Nivón, Eduardo (2006) Políticas culturales en el tránsito de dos siglos. Mimeo. UAM-I. México.
[4] Entrevista del autor con Víctor Flores Olea el 20 de febrero de 2009.
[5] Así lo dicen explícitamente los programas de las distintas administraciones: Programa Nacional de Cultura 1995-2000, de Ernesto Zedillo; Programa Nacional de Cultura 2000-2006, de Vicente Fox; Programa Nacional de Cultura 2007-2012 de Felipe Calderón.
[6] Heriberto Yépez dice: “(lo único que se logra con este sistema de becas es) que los artistas estén contentos, concentrados compitiendo por  las becas, que se sientan culpables de recibir dinero…” Citado en Acosta, Anasella y Galo Ramírez (2009) “Estímulo a la creación o legitimación del poder”. Revista Cuartoscuro, núm. 96, Página 50.
[7] La existencia de este doble mecanismo, ha producido que el Fonca esté en el centro de múltiples polémicas sobre sus bondades y deficiencias. Por un lado están, aquellos que afirman que los métodos de selección de los beneficiados y la distribución de los recursos son tramposos y amañados, premiando siempre a los mismos; y por el otro, quienes afirman, haciendo énfasis en los métodos colegiados de asignación de recursos a través de pares, que entre las distintas posibilidades de ejercicio de recursos, representa la mejor opción.
[8] Toda esta información ha sido desarrollada con más detalle y profundidad en el libro: Ejea Mendoza, Tomás (2011) Poder y creación artística. Un análisis del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA). Universidad Autónoma Metropolitana, México.
[9] La información proviene del libro: FONCA-CONACULTA (2006) FONCA: 18 años de inversión en el patrimonio vivo de México. CONACULTA. México.
[10] Elaboración del autor a partir de la información contenida en FONCA-CONACULTA, Op. Cit.
[11] Cantidades en pesos constantes, base: junio de 2002.
[12] Con objeto de facilitar el análisis de dicha información en este texto se ha optado  por dividirlos en dos: los dirigidos sólo a individuos y el resto de los programas.
[13] Sistema Nacional de Creadores de Arte (SNCA); Fomento a Proyectos y Coinversiones Culturales; Fundación Cultural México-EUA; Jóvenes Creadores; Estudios en el Extranjero; Intérpretes; Teatros para la Comunidad Teatral; México en Escena; Intercambio de Residencias Artísticas; México: Puerta de las Américas. Además estuvo presente en dos ya descontinuados: Creadores Intelectuales y Grupos Artísticos. Se excluyó de este estudio a los programas de ejecutantes y de intérpretes porque en ellos se incluyen actores que no necesariamente se dedican al teatro.
[14] FONCA-CONACULTA, Op. Cit.
[15] Toda la Información que se maneja a continuación ha sido elaborada por el autor a partir del archivo histórico del FONCA y se encuentra en Ejea Mendoza, Op. Cit.
[16] Esta cantidad es la que se utilizará en adelante como referente principal, pues 43 corresponden formalmente a colectivos.
[17] Los estímulos pudieron concederse en un mismo programa en diferentes años o en distintos programas en varios años.
[18] Esto es, los estímulos representan diferentes montos. El que más dinero otorga es el de Creadores Eméritos y el que menos dinero otorga es el de Jóvenes Creadores.
[19] La lista completa de todos los beneficiarios para la rama teatral del Fonca en el periodo 1989-2008; así como la de los procesos de selección del Sistema Nacional de Creadores de Arte se puede consultar en el libro ya citado del autor: Ejea Menoza, Op. Cit.

Duros datos



Ahora que los ánimos militantes se ponen cada vez más encendidos, uno se pregunta por qué la gente se entusiasma tanto por lo que está más lejos de modificarse y si deveras se atrevería a cambiar el estado de las cosas que están más cerca. Porque es difícil no extrañarse por el silencio (¿"es difícil no extrañarse", hemos dicho?, pero si de parte de la gente de teatro sólo hay silencio) que ha seguido a la publicación del último número de la revista Paso de gato en la que nuestros investigadores hacen una exposición más que contundente de la verticalidad de las políticas públicas en materia de teatro. Tal como lo propuso Rodolfo -quien fungió como editor del número de la revista-, no se trata de reproducir dimes y diretes, sino de la comprobación en números (único argumento que debía ser contundente para esto que cada día más se convierte en "industria cultural") de la inequidad de las instituciones encargadas de patrocinar y promover el teatro nacional. Bueno, muchos llevamos años y años hablando de esto y nada. ¿Querían datos? Pues aquí están. Por ejemplo, tal como demuestra Tomás Ejea, el 80% de los dineritos que ha otorgado el Fonca se lo ha llevado sólo el 20% de los peticionarios. ¿Sí se entiende? Queda clara, también, la verticalidad de la toma de decisiones, por más que los jurados parezcan neutrales. Y por si fuera poco, podemos comentar que en la tesis doctoral que da pie al artículo (ya publicada y citada ahí) se observan los radios de influencia de unos cuantos en las decisiones finales. (Y que conste que Rubén ha recibido cuatro apoyos en 20 años, Rodolfo uno antes de ser funcionario, y no se podrían quejar). Pero, además, siguiendo este hilo de influencias, Ejea demuestra la realidad y eficiencia de la dinámica de "el que consagra se consagra": me consagro al darte beca y, a la vez, consagro sólo lo que me resulta cercano. Ya Jorge Vargas ha contado de cómo tras más de diez años del Encuentro Internacional de Teatro del Cuerpo y de seis genraciones del Diplomado, un día se le acercó una (múltiple) jurado a decirle: " Oye, a ver si luego me dices qué es eso de Teatro del cuerpo, porque cada año llegan solicitudes de beca de gente que hace eso y yo las rechazo porque no sé de qué hablan". Porque, claro, Meyerhold, Grotowski, Lecoq, Decroux, Barba, Bausch y un largo etcétera fueron negados o descafeinados durante años en las escuelas y en los escenarios para favorecer estilos de actuación vivencialistas. Pero eso no es todo lo que nos deja ver el dossier. Por su parte, Patricia Chavero nos muestra en dos ensayos, primero, la inequidad de las prácticas en los estados donde todo se vuelve más discrecional y opaco; y, segundo -lo que también varias veces habíamos resaltado-, la irregularidad, opacidad e impunidad con que opera la Compañía Nacional de Teatro: no sólo es un frankestein administrativo, además no da cuentas de lo invertido, monopoliza las fuentes de recursos de instancias federales y locales y, por si fuera poco, está lejos de cumplir lo prometido, pues ha subutilizado la costosísima planta actoral. Otra vez, no nos crean a nosotros, lean el artículo. (Y luego lean el panegírico de Alegría Martínez, sumen el número de fotografías consagradas a la Compañía actual que aparecen en el número de la revista, la lavada de manos que se da su director en el comentario editorial y verán cómo funciona la aceitada máquina propagandista de los regímenes corporativistas). De manera que, puesto que a nosotros nos importa demasiado el asunto (no tanto por nosotros, hay que decirlo, nos importa el rumbo que va a tomar el país entero y tenemos que empezar por nuestro contexto), hemos decidido: 1. Publicar aquí los textos de Patricia Chavero, Tomás Ejea y Rubén Ortiz, para hacer más fácil su circulación por medio de la red. 2. Invitar a personas interesadas a leer y discutir los textos. Por favor, si tienen algo qué desarrollar al respecto, envíenlo a laisladeprospero@gmail.com. Sobra decir que esperamos textos razonados, que nos digan qué más muestran estos datos y cuáles serían las propuestas concretas a presentar a la siguiente administración. 3. Organizar un acto de información pública, cuyo formato y fecha serán dados a conocer en su momento. Rodolfo y rubén

viernes, 9 de marzo de 2012

sin vergüenza

“conocer la vergüenza de ser hombre”

primo levi

estamos preparando una función en el centro morelense de las artes. en la obra, entre otras cosas, lo primero que hacemos es desplegar la portada y contraportada del periódico del día, ya se sabe: de un lado el crimen de la semana espectacularizado en imagen y palabra, las más de las veces con un patético sentido del humor que, naturalmente, exhibe el desdén imbécil de los dueños del diario por el respeto y la vergüenza hacia la vida o la muerte; y del lado contrario otra joya de la puerilidad desvergonzada: la encuerada del día. cuerpos vueltos chatarra para el consumo de una sociedad autista, temerosa e infantilizada.

pero hoy no exhibiremos el periódico. en la portada aparece una imagen insostenible: el crimen ocurrió cerca de donde estamos, la puesta en escena de los criminales es atroz y además dos de los adolescentes asesinados eran conocidos de los chicos que dan la función. y, por si fuera poco, la escena real parece evocar nuestra escena ficticia final.

mientras charlamos acerca de cómo responder a la velocidad con que la realidad nos interpela, en tiempo casi real nos llegan las imágenes de una guadalajara sitiada por los incendios de autos provocados por los criminales, al parecer en represalia por el arresto de un jefe delincuente.

y, acto seguido, por medio de un correo electrónico me llega la imagen siguiente:




entonces recuerdo la función a la que asistí de la obra “mejor desnudos” por la compañía chihuahuense danzarena. fue en el marco del encuentro de re/posiciones, un espacio de reflexión escénica, lo cual quisiera explicarme cómo fue que esa noche la reacción de la gente de teatro fuera tan lejana al meollo del dispositivo. para no narrar la pieza sólo diré que se iba pidiendo la presencia de un espectador a la vez para narrar un hecho personal que, siguiendo la dolorosa pauta dejada por dos de las performers, tuviera qué ver con el estado de dolor y miedo del país. me sorprendieron menos los estudiantes de teatro que saltaron al escenario a desahogar su confusión existencial y profesional sobre la eficacia del dispositivo, que las declaraciones de la mayoría de los “voluntarios” diciendo “bueno, en realidad a mí no me ha pasado nada aquí en el df”. voilá, entonces, al menos tres razones para explicar la reacción: los teatreros iban dispuestos a discutir; eran, justamente, gente de teatro, no muy dada al conocimiento de la realidad; y, finalmente, eran chilangos. (es casi vergonzoso que nadie piense que el asalto, lesión o asesinato de un conocido o vecino no sea algo personal) y, en efecto, justo un día antes, las mujeres de danzarena me habían manifestado su desconcierto de que en el df se viviera “como en una burbuja” con respecto a la gravedad del estado de cosas del país entero.

pero eso pasó, y ultimadamente el espectador responde como puede y es más bien aleccionador (“desnudador” iba a escribir) cuando el dispositivo escénico traba su diálogo con los invitados.

en cambio, la foto aquí expuesta, repartida en cientos de correos y, de antemano consagrada en el imaginario de la gente de teatro, me remite mucho más a la desfachatez de los “editores” de los periódicos sensacionalistas. la foto (y el teatro que de ella emane) para decirlo pronto, me resulta petulante, pueril y ofensiva. presentarse, promoverse, campechanamente con un arma en la mano bajo las circunstancias presentes me parece indicativo de una sintomática distancia afectiva e intelectual entre el teatro oficial y el país que le paga a ese mismo teatro por existir.

supongo que no tengo manera de convencer a nadie que no esté ya convencido de la consagración de ese tipo de teatro que se pone a representar el “vértigo” y la violencia en los cuerpos de actores y espectadores. supongo que mis argumentos son los que podrán parecer petulantes y ofensivos. supongo que tendría que demostrar por qué una fotografía así es una falta de respeto y una muestra del escaso sentido de vergüenza de algunos artistas escénicos de este país. pero no lo haré. no creo necesitar demostración alguna. escribo esto antes de la función a la que vendrá gente que, seguramente, ha perdido a alguien bajo el cañón de los imbéciles. y no podría pararme frente a ellos con una actitud así.

no me hace gracia.

hay que tener vergüenza.

cuernavaca, morelos, 9 de marzo de 2012

rubén

martes, 20 de diciembre de 2011

De concursos y cosas peores




Con enorme cariño para los rústicos de estopa


El Concurso de Teatro Universitario promovido por la Dirección de Teatro de la Unam, a pesar de su gran aceptación, se convirtió hace tiempo en una más de las bienintencionadas piedras en el camino al infierno.

En su defensa, habría que establecer antes que nada que todos los concursos en materia artística son y han sido absurdos. Empezando por los certámenes atenienses. Y que esto nada tiene que ver con los resultados, pues estos rara vez reflejan la realidad y dependen siempre de unos criterios nunca especificados. De hecho y dada la propia experiencia como participante o jurado de alguno de estos concursos o premios, yo llegué a asegurar que en ellos el ganador es siempre un buen segundo lugar. Y esto antes de que mi amigo Carlos Gil me hiciera saber que este fenómeno tiene incluso un honorable título literario: “el efecto Goncourt”.

Así pues, ya alguien cercano al prestigiado premio literario francés había observado el fenómeno no poco común de que cuando dos o más miembros del jurado defienden obras diferentes como ganadoras indiscutibles, la decisión termina por empantanarse abriendo espacio para un tercero en discordia que se eleva con el premio (o el segundo lugar en el cual todos coinciden, a juzgar por mis propias observaciones).

En fin, otorguemos la gracia de creer que ningún otro factor (externo) influye en estas siempre discutibles decisiones y volvamos al concurso de la Unam y sus aspectos perjudiciales.


Foto: Luz Adriana Obregón

En este caso el asunto central está en los criterios o la falta de ellos en la elección de las obras finalistas y, desde luego, las ganadoras. Criterios, me temo, que dependen única y exclusivamente de las preferencias (por no decir los gustos) y las concepciones de los miembros del honorable jurado. O yendo más lejos, de los consabidos mecanismos de consagración que garantizan el predominio de una única visión estética. Y aquí es donde la puerca tuerce el rabo.

El asunto es particularmente claro en la categoría central del concurso, aquellas obras dirigidas por maestros y que, generalmente, corresponden a trabajos de titulación de los estudiantes que aspiran a hacer de su presencia en los escenarios una profesión. Pero bien puede extenderse al resto de las categorías. Porque aquí justamente el concurso parece funcionar como puerta grande (es un decir) o alfombra de entrada “al medio”. Y al hacerlo, contribuye a distorsionar –por si hiciera falta todavía- el sentido de esos trabajos, fundamentales en el proceso formativo.

¿Qué se pone en la balanza en esos casos? A juzgar por los resultados observados en años recientes, las obras mejor terminadas; es decir, aquellas que empiezan por la elección de un buen texto y terminan en la organización de un espectáculo (y aquí la opresiva sombra del concepto puesta en escena hace su poderosa aparición...) arropado por una lucidora escenografía, vestuario e iluminación (... sombra que va acompañada desde luego por un sistema de producción que determina su estética); y en cuyo último lugar queda siempre el desempeño de los actores.

De donde surge una pregunta fundamental, ¿qué vale más, ya no digamos en un concurso universitario sino en un trabajo producido aún en condiciones escolares: un producto escénico logrado donde los estudiantes pasan a segundo plano o donde resuelven mejor o peor conforme a la visión estética de otros; o un trabajo quizás menos logrado pero que abre un horizonte de desarrollo artístico para los futuros profesionistas o donde estos comienzan a fraguar una visión propia de la escena?


Foto: Luz Adriana Obregón

Me parece que la respuesta debería definirla cada una de las escuelas –de acuerdo con sus objetivos y visión del teatro-, pero que en todo caso haría imposible que estas escuelas tan diferentes “concursaran” en un espacio común con criterios parejos para ambas.

Por supuesto, en mi particular entender del teatro, la experiencia de un trabajo final en las escuelas de actuación tendría que guiarse por el segundo criterio. Muy lejos de quienes piensan que estas obras son un puente hacia la vida profesional, para mí –insisto- representan quizás la última posibilidad de que el estudiante pueda confrontarse con un proceso de creación artística en condiciones protegidas; es decir, libre de las exigencias y renuncias que implica la idea predominante del profesionalismo. Mientras que el mentado puente sólo conduce –una vez más, en mi opinión- al vacío de las convicciones y la afirmación del status quo, la reproducción acrítica de un estado de cosas.

No olvidemos que -como he subrayado una y otra vez- las escuelas de actuación, desde Stanislavski, fueron una garantía de pureza artística frente a los condicionamientos y las taras de la corrompida práctica profesional.

Y esta práctica hoy, a diferencia de la época de la reforma stanislavskiana, está definida por la estética y los modos de producción, pero sobre todo por las jerarquías y las relaciones políticas de la puesta en escena, cuyo agotamiento parece no ser percibido por el grueso de los hacedores y los responsables de las políticas formativas en nuestro país.

Al respecto, y abonando a lo expuesto en nuestra Agenda sobre la enseñanza de la actuación y la formación teatral. pueden verse las palabras de Gabino Rodríguez en la entrevista que recientemente publicó Antonio Castro en Letras Libres:

Sin embargo veo que hay un agotamiento de cierta generación, que por desgracia sigue en la toma de decisiones. La Compañía Nacional sigue y seguirá siendo poco emocionante, poco interesante mientras está dirigida por Luis de Tavira. Su problema no es la falta de recursos, sino la falta de visión artística, de imaginación. Yo pienso que están deteniendo el progreso del teatro nacional. Siguen teniendo mucha influencia en las escuelas. En general, el sistema de validación del teatro mexicano –quién escribe de teatro, quién piensa sobre teatro, la MuestraNacional– es un sistema tan arcaico que no permite renovar nada.

Palabras que coinciden plenamente (la contradicción se resuelve en la última línea de la entrevista) con el optimismo que un Romeo Castellucci manifestaba frente a la desaparición en el contexto europeo de las grandes figuras de la puesta en escena, figuras que a su entender ya habían vampirizado al teatro por demasiado tiempo.

Rodolfo

P.S.

En un texto de Shaday Larios encuentro el nombre de otra escuela que como la de Giessen, hace ver en sus implicaciones conceptuales lo arcaico de nuestras escuelas de actuación, o peor aún, de "literatura dramática": la Facultad de Creatividad y Artes Performativas de la Universidad de Leiden.

P.S. 2
Lucía Serra, egresada de la Universidad de San Francisco, me comenta que la especialidad en la que ella se graduó en esa universidad jesuita de California lleva por título: Artes performativas y justicia social.

jueves, 6 de octubre de 2011

problemas para un método

Hace unos años me invitaron a participar en un número de la revista DCO, especializada en la danza y el movimiento, cuyo tema sería "El método". Era 2009 y hasta la fecha no sé nada de esa publicación. No la he hallado en la red y tampoco la he visto circular.
En todo caso, me topé con el texto que hice y no me disgustó, así que lo comparto. Resta decir -por puro ocio- que en esos días en La Comedia Humana estábamos metidos en una intervención al teatro Juan Ruiz de Alarcón que llamamos "De qué otra cosa hablar", en diálogo con la obra que Teresa Margolles había presentado en la Bienal de Venecia; con la obra de Cildo Meirelles que estaba en el Muac y también con un pedacito de Cafe Müller de Pina Bausch; de la selección mexicana contábamos con la infaltable "Suave Patria" del vate zacatecano.


Una vida jamás puede ser separada de su forma, una vida jamás es posible aislar como una cosa, como una vida desnuda. Una forma de vida define una vida en la cual sus procesos, actos y modos, jamás son simplemente hechos, sino siempre y antes que nada, posibilidades de vida, siempre y antes que nada, potencias.

El poder político que conocemos, al contrario, se funda siempre en última instancia sobre la separación de una esfera de la vida desnuda con relación al contexto de las formas de vida

.

Giorgio Agamben

Primer problema: de lo que existe antes de empezar

En efecto: no hay espacio vacío.

Si el querido lector quisiera cooperar con esta exposición, se le pide que cierre los ojos y espere...

Con el escenario sucede lo mismo.

Apenas un espectador pone los ojos sobre un espacio iluminado, las figuras galopan y lo cruzan, a veces en una cadena significativa y casi narrativa, a veces en azarosa presencia de personajes, decorados o paisajes. Ningún espacio es un espacio vacío.

Nos ha tomado poco más de un siglo entrenar la mirada para saber llenar los espacios en blanco. Ninguna angustia ante la página vacía. Vértigo ante el espacio rebosante de vertientes.

En un espacio vacío, pues, conviven (¿colisionan?) estampas de la vida cotidiana con otra colección de estampas de lo visto anteriormente en el escenario, en la pantalla, en los museos, en los poemas: escenas sorprendentes o sorprendentemente aburridas que van ocupando todas las esquinas y recovecos del escenario aún antes de comenzar.

El espacio vacío como manantial del cliché.


Segundo problema: de lo que hay que hacer pasar

Entonces, hay que “bajar al viejo caos y sentirse a gusto en él” (Wittgenstien). Es imperativa la catástrofe. Se trataría, en principio, de reconocer el poder de esas estampas (pictures) que pululan por doquier, para comenzar a trituralas.

Pero los clichés no se van tan fácilmente; su fuerza hipnótica deja trazas persistentes. El vaciamiento tiene que ser radical, pero cuidadoso, escrupuloso.

Es el momento de los borradores.

Llenemos ahora el espacio, dejemos que las estampas y los clichés lo pueblen conscientemente, para mejor mirarlos, para mejor reconocerlos. Dejémoslos moverse con toda libertad, y he aquí que en algún momento su propia dinámica los lleva a un quiebre inesperado y se fracturan. Hacen la fractura. El resquicio para mirar a través de ellos: hacia el parque donde deliran las imágenes (images).

Pero ¿qué es una imagen? Se me ocurre que hay que desplazar la pregunta hacia su funcionamiento: ¿qué hace una imagen? Y creo que una imagen es una manera nueva de enfrentar una problemática singular. Menos una aparición sublime-fantasmal provocada por la inspiración genial, que una herramienta particular para tratar con las cosas del mundo.

La Gioconda, entonces, como imagen que hace enfrentar el problema entre el primer plano y la profundidad de campo: paradoja sonriente de la presencia frente a la temible fugacidad; o el naturalismo como imagen que enfrenta la problemática entre valor de cambio y valor de uso: un escenario repleto de cosas, en los que la vida misma lucha por no cosificarse.

¿Cuál es la problemática de las cosas de este mundo que la acumulación de clichés quisieran disimular?

Toda petición artística por una imagen es, por una parte, la repulsión hacia la simulación (acumulación originaria de estampas/pictures) y, por otra, el establecimiento del simulacro (flujo delirante de imágenes/images).


Tercer problema: de la organización o el dispositivo

Ahora bien, este flujo de imágenes, de suyo, va dibujando un diagrama de conexiones. Una imagen está compuesta, como dijimos, de cosas concretas: un espacio, unos performers, unos objetos, unos colores, unas palabras. Estos, al cabo del ejercicio de borradores han establecido relaciones, conexiones: el espacio estará inclinado, los performers funcionarán como guías de viaje, los objetos serán objetos encontrados, el color es rojo, las palabras vendrán de López Velarde. Hay conexiones.

Estas conexiones, dijimos, dibujan un diagrama. Un diagrama no es necesariamente un plan, no es necesariamente un guión, no es necesariamente una narración: es una topografía de encuentros: ¿entre quiénes?, ¿en dónde?, ¿cómo son esos encuentros? Y aún más: ¿hacia dónde derivan?, ¿cómo fluyen?

Responder a todas estas preguntas es asunto de la repetición: pasar y repasar el diagrama una y otra vez, hasta hacerse familiar suyo. Como la domesticación del zorro por parte del Principito: un meticuloso asunto de mutuo conocimiento, confianza y entrega. Los performers repiten la acción, el espacio se vuelve a transformar, los objetos piden su sitio más pertinente, los textos se dejan entonar.

Esta familiaridad no niega los cambios: lo que tenía lugar en el inicio se ha vuelto una peripecia del desenlace; lo que estaba a la izquierda se ha movido al centro; donde pensamos que habría cajas, ahora hay jaulas: naranjas en lugar de manzanas.

Ahora tenemos funcionando una maquinaria, un dispositivo.


Cuarto problema: de la llegada de los otros

Un dispositivo, ¿para qué? O quizá será mejor preguntarse, ¿para quién?

Un dispositivo, habíamos dicho, es una máquina de hacer conexiones. Habíamos hablado de performers, del espacio, de los objetos; pero falta aún un elemento: el afuera: el espectador. Un dispositivo, como buena máquina, precisa de un manual del usuario o de un mapa del tesoro: es una máquina, pero también es un territorio a recorrer, y el invitado tendrá que saber con justísima precisión, qué se espera de él, cuál es su lugar en este universo.

Generalmente, cuando el espectador llega a un recinto, paga un boleto y se instala en una butaca, el contrato es claro. Pero el espectro de posibilidades es aún más extenso: podemos pedir de él no una tarifa, sino un bocadillo para compartir; podemos convocarlo no a un teatro, sino a un recinto de la historia más próxima, para hacer arqueología del presente; o podemos pedirle no un aplauso, sino que invente mecanismos emergentes de convivencia.

Pues, al parecer, nos hemos dado cuenta de las posibilidades de las artes escénicas actuales: menos un pretexto para la indagación (ilustrada) en el espíritu del ser humano (preilustrado) y más una llamada a inventar un nuevo contrato social, nuevas formas de relación en un mundo de relaciones economizadas. Se trata, tal vez, con el espectador, de generarle menos respuestas a las mismas preguntas planteadas siempre igual y provocarle a imaginar más delirios sobre nuevas posibilidades de existencia.

rubén

domingo, 25 de septiembre de 2011

abecedario de guerra/ i








infancia













Ni las niñas a las que se les dijo que denunciaran el abuso y cuando lo hicieron les escupieron en la cara un “la autoridad no te cree nada”, ni los jóvenes peyorativamente apodados Ninis, ni los millones de bullies que asumen el poder de la violencia como liderazgo, ni los miles que a los trece consumen y venden tachas en la escuela, llegaron allí por sí mismos.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Mea culpa

Fotografías: Luz Adriana Obregón

Hace poco más de un año, quise pasarme de listo. Por conducto de un querido amigo propuse al Festival Cervantino que me apoyaran con algún centavo para ir a Nueva York so pretexto de la presentación en Brooklyn Academy of Music de un Tio Vania firmado por Lev Dodin con su famosísimo Teatro Maly, uno de los miembros de la ejemplar red de Teatros de Europa.

Puesto que las dos veces que estuve en San Petersburgo no se me hizo verlo (algo vi en su sala experimental, pero no una puesta del célebre director), yo ya había comprado los boletos; pero sugerí que podría contactar a la compañía para una posible (y necesaria) visita a México. Los del FIC nunca respondieron ni supe más de ellos (de hecho, ignoro quien es el responsable de la selección de obras teatrales para su programación).

Lo demás puede deducirse de la ausencia de comentarios sobre esa puesta en este espacio, mientras los grandes hallazgo escénicos de ese viaje (que he comentado en Dos artistas escénicos en el MOMA, William Kentridge: un Brecht sudafricano y Marina Abramovic...) los vine a tener dentro de un museo.

Y ahora me entero que gracias a “mi recomendación” ese mismo Tío Vania, una producción del 2003, se presentará en Guanajuato el próximo mes (y vaya usted a saber si en el DF a donde no trajeron a Necrosius en ninguna de sus tres visitas consecutivas al país). Pues bien, de esta manera el Cervantino conformó una programación teatral que lo pinta de cuerpo entero: fuera del ritmo de su tiempo.

Si bien siempre se agradecerá la presencia del último Brook (y esta vez todo parece indicar que su Flauta mágica sí será la despedida de un director que se ha cortado la coleta un par de veces para volver siempre al ruedo), también es claro que en él se cerró hace tiempo un ciclo fructífero del teatro, el siglo de la puesta en escena.

Ni hablar del anunciado homenaje de la CNT a Héctor Mendoza con una obra que en su propia dirección era ya –hace 30 años- un teatro del pasado y uno de sus grandes tropezones.

Teatro canónico, teatro pretendidamente canonizador y ni un atisbo siquiera a los nuevos aires de la escena.

Desde luego –insisto- la presencia de una obra de Dodin era una necesidad en nuestro medio, pues se trata de uno de los creadores más intensos y reconocidos de la escena europea. Pero su Tío Vania, amén de las muy buenas actuaciones, su hermosa escenografía y detalles interpretativos que el interesado puede encontrar en alguna nota crítica aparecida durante su estancia en Nueva York, no depara ninguna sorpresa; ni siquiera un acercamiento tan particular como el de Daniel Veronese que pudimos ver en México, ni mucho menos un imaginario tan singular como el de Eimuntas Necrosius, cuyo propio Vania (diez años anterior a éste) sigue siendo uno de los espacios consentidos de mi museo imaginario del teatro.

El repertorio del Maly de San Petersburgo ofrecía en cambio –con el mismo esfuerzo económico y organizativo- la posibilidad de acercarnos a creaciones más distintivas del universo artístico de Lev Dodin y a formas diferentes de acercamiento al hecho escénico. Célebre en este sentido es el resultado de Gaudeamus (1990) una obra que conmovió a los públicos europeos hacia el final del siglo XX con su recurso al canto –a decir de Georges Banu- como forma de activar la memoria histórica. La clara diferencia puede ser leída en esta otra nota aparecida años antes en el mismo diario neoyorquino. O, más recientemente, el ejemplo nos lo ofrece Vida y Destino (2007), una especie de fresco a la manera tolstoiana sobre la vida en la Siberia stanlinista; basado en la novela de Vasily Grossman y la propia investigación del grupo en Narilsk, el inmenso gulag del Círculo Ártico, así como en otros campos de detención y exterminio.

Al respecto, traduzco algunos fragmentos del capítulo dedicado a Lev Dodin en el libroDirectors/Directing (Cambridge University Press, 2009), un compendio hecho por Maria Shevstova y el admiradísimo Christopher Innes alrededor de nueve de los creadores más influyentes de la escena angloparlante de los últimos años:

Leímos un cerro de libros, fuimos a los archivos, encontramos fotografías y visitamos el antiguo gulag. (...) Para darles una idea de la distancia, hay siete usos horario de diferencia entre Londres y Narilsk. Es una ciudad extraordinaria que nunca debió ser construida. La gente no puede, no debería vivir ahí dados el clima y otras condiciones del lugar. Pero ahí hay unos grandes depósitos de minerales y Stalin dijo: “Aquí habrá una ciudad” y comenzaron a construirla sobre los huesos y la sangre de millones de detenidos (...) la única forma de organizar la fuerza de trabajo en ese lugar. Toda la ciudad era un gulag y gente de más de cincuenta nacionalidades vivía en esos campos y barracas.

(...) La experiencia causó un gran impacto en nosotros, fue realmente aterradora y los actores entendieron todo; nunca antes actuaron tan bien. Estaban horrorizados, viendo aquello que gente talentosa puede encontrar dentro de sí para someter a tal infierno a otra gente. (...) La première rusa la hicimos en Narilsk. Nos sentíamos obligados... Algunos sobrevivientes vinieron a vernos.

(...) El libro es una especie de La guerra y la paz. Nosotros elegimos “la paz”. Grossman también habla de paz durante la guerra. (...) Teníamos la impresión de que lo que sucede fuera de la guerra es más difícil y atemorizante para la gente. La guerra se gobierna por leyes más feroces, más unívocas y más comprensibles: uno sabe quién es su enemigo y quién su aliado. En cambio, en tiempos de paz, el enemigo está entre aquellos a tu alrededor, entre tus amigos y colegas, y cuando el enemigo está dentro de ti mismo –esto, pensamos era lo más importante. Incluso las escenas durante la guerra que seleccionamos implican asuntos de elección moral, un tema que ha sido silenciado en la conciencia de la intelligentsia rusa de hoy día; y creo que no sólo en Rusia.

(...) Siempre tuvimos que mantener en mente el hecho de que no estábamos representando una obra de teatro, sino una novela. Yo no soporto las adaptaciones, lo que implica que uno ha leído la novela, sí, pero que ahora está haciendo una obra de teatro.

En fin, dos maneras muy diferentes –aunque tal vez complementarias- de entender un hecho cultural llamado teatro. Por desgracia, sólo tendremos oportunidad de comprobar la que mejor conocemos*. Mea culpa.

R.O.

*Sirva de consuelo pensar que mientras tanto, en París, dentro del prestigiosísimo Festival de Otoño, el público podrá gozar de una creación mexicana acorde a esta otra concepción de la escena y que por supuesto no será invitada al real de ruinas guanajuatense: El rumor del incendio de nuestras “admirables lagartijas”.